Mintiéndome a mí mismo

Hace unos cuantos años leí un libro que se llamaba “Cómo mejorar su autoestima” de Nathaniel Branden y con ese libro me di cuenta de una de las cosas más importantes que me han ayudado para ser más consciente de mí mismo y ser más feliz: aceptar lo que yo pensaba y sentía sea lo que sea. A veces pensamos cosas y debido a que están mal vistas a nivel cultural o social, nos mentimos nosotros mismos (sí, sí, nuestra vocecita interior nos convence de lo contrario) para no pensar de nosotros que somos malas personas por pensar eso.

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Este libro no solo me ayudó a identificar estos pensamientos o sentimientos y saber cuáles eran, sino también a aceptarlos sin juzgarme a mí mismo. A decir “vale estás sintiendo esto sobre esta persona, ¿qué dice esto de ti?”. Y me di cuenta de que por ejemplo tenía envidia de ciertas personas, envidia mala de esas que hace que no deseas que esa persona tenga lo que tiene. Al principio fue un poco shock ya que ¡qué mala persona soy al saber que siento envidia de otro!, pero una vez que aceptas que eso es tuyo, empiezas a darte cuenta de más cosas, empiezas a preguntarte por qué tienes esa envidia y qué es lo que esta envidia te está diciendo que necesitas. Quizás quieres eso que esa persona tiene, quizás estás buscando sentir lo que esa persona siente al tener eso que envidias, quizás esa envidia te está diciendo lo que piensas de esa persona…

mintiendome a mi mismo

 

Me di cuenta también de que había amigos míos que no me gustaban, que no me gustaban nada… Claro “¡qué mal amigo eres al pensar eso de tus amigos! Pero era cierto y aunque al principio me costó un poco digerirlo, lo acepté sin juzgarme y comencé a indagar qué decía eso de mí. Quizás me decía que esa persona no tenía los mismos valores que yo; o que su comportamiento no coincidía con la forma en que yo trataba a las personas; o simplemente que no me aportaba nada el estar con él.

De una forma, al aceptar que esos pensamientos eran míos y eran ciertos y que no era peor persona por pensar de ese modo (sino que al aceptarlo iba a aprender más de mí), a partir de ahí empecé a darme cuenta de cómo era yo realmente y de que hasta ese momento yo mismo me había estado engañando con mi forma de pensar, simplemente porque había una vocecita detrás que me decía que “eso no podía pensarlo porque no estaba soclamente bien visto”.

El día que acepté mis pensamientos sin juzgarme empecé a aprender realmente quién era yo.

Desde ese día fui integrando poco a poco esta forma de aceptación de mis pensamientos y lo que ha pasado hasta el día de hoy es que cada vez soy más consciente de cómo soy, de lo que tengo que darme y con qué tipo de personas quiero rodearme para ser más feliz.

Miente a tus amigos, miente a tu novia, miente a tu familia, pero nunca nunca te mientas a ti mismo. Es lo peor que puedes hacer, ya que cuanto más lo hagas, menos consciente serás de ti mismo y no podrás darte lo que necesitas, que es lo que la inteligencia emocional hace, ser más consciente de lo que mi cuerpo me dice a través de las emociones. Cuanto mejor las entienda y mejor sepa darme lo que dicen, mejor me cuidaré y más feliz seré.

 

Ejercicio

A continuación te presento un ejercicio que me gustaría que hicieras, normalmente cuando leemos este tipo de cosas las leemos sin más, pero en este caso me gustaría que pensaras en ti y fueras siguiendo lo que dice, creo que si empezamos a aceptar todos nuestros pensamientos (los negativos también), podremos aprender mucho más de nuestra forma de ser, de lo que nos preocupa, lo que necesitamos y al fin y al cabo, los valores que definen nuestra personalidad.

Piensa en algo que últimamente tengas en mente y te preocupe pero que te preocupe porque no te sientes bien pensando en ello: por el qué dirían tus seres queridos si se enteraran de que piensas así; porque “tú tienes que ser de tal forma y una persona así nunca podría pensar de esta forma tan mala” (vocecita interior resonando en tu cabeza). Necesito que busques ese pensamiento o ese sentimiento… Una vez que lo tengas me gustaría que lo aceptaras y que lo tomaras como tuyo y como parte de tu forma de ser; que no te juzgues por pensar así y que lo tomes como algo bueno ya que es información que te va a decir lo que necesitas. Necesito que una vez que hayas aceptado ese pensamiento o sentimiento indagues en lo que quiere decirte, “¿Qué te está diciendo que necesitas?” Y que te des cuenta de cómo cuando aceptas esa forma de pensar o sentir, esa información se abre a ti porque es tuya y te dice algo… Es decir, antes de aceptarla , al negarla no le hacíamos caso ni podíamos indagar en ella porque ni si quiera la aceptábamos. Ahora que la acepto, puedo intentar ver qué es lo que me está diciendo o a qué se debe ese pensamiento o emoción.

También necesito que identifiques esa vocecita que decía que “tú no podías sentir eso” y mires a ver quién te está diciendo eso; seguro que si buscas habrá una figura (normalmente un padre o madre, un profesor o una figura de autoridad) que esté detrás de esa frase “las buenas amigas no piensan mal de sus amigas”, “un hombre derecho no tiene envidia de otros hombres”, etc. Una vez que hayas identificado esa voz, podrás poner en duda la creencia limitante que hay detrás de esa voz que habla: ese “pensar que las personas buenas no tienen envidia o piensan mal de sus seres queridos” podrás ver que es sólo una creencia que en muchas ocasiones te ha podido estar limitando. Si también aceptas eso, podrás de forma más fácil cambiar la forma que tienes de pensar y aceptar que el sentir de cierto tipo de emociones que socialmente están “mal vistas” te hace la persona que eres, con todas tus cosas buenas, y el aceptar estas sensaciones te hará más consciente de cómo eres y de lo que necesitas.

 

Resumiendo, no nos sintamos mal por pensar a veces “mal” de otra gente o de gente que queremos, en vez de ello, aceptemos eso como información que nos da nuestro cuerpo y cerebro para acercarnos más a lo que necesitamos. Adoptémoslo como algo nuestro que nos hace más verdaderos y más sinceros con nosotros mismos.

Cuanto más aceptemos nuestros pensamientos y lo que estos nos hacen sentir, mejor nos conoceremos y mejor sabremos gestionar nuestras emociones para saber darnos lo que nos están pidiendo.

Me encantaría que compartieras en los comentarios de aquí abajo cómo ves lo que he comentado en este post, si te has mentido alguna vez, si te has dado cuenta de ello y de qué forma ha influido en ti aceptarlo y aprender de ti.

Si crees que este artículo podría interesar a algún conocido o amigo tuyo podrías compartirlo en tus redes sociales y así también agradecer el trabajo realizado con este post 🙂

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Titulado Experto en Inteligencia Emocional, Coach Personal y Ejecutivo, y apasionado de la Psicología y de cómo ser más felices cada día.

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