La culpa, qué es, por qué se genera, tipos y cómo gestionarla

Qué es la culpa

La culpa es un sentimiento generado por nosotros mismos en base a las referencias internas que tenemos sobre lo que está bien y lo que está mal. Es un sentimiento que parte de una comparación de lo que hemos hecho con lo que podríamos haber hecho (mejor), según nuestra escala de valores. Cuanto más exigente sea yo con esta escala de valores, mayor serán las probabilidades de que nos sintamos culpables.

La culpa me fascina ya que personalmente siempre ha estado muy presente en mi vida, de ahí que me fije mucho en cómo los demás la gestionan. Resulta muy curioso las diferentes maneras en que la gente reacciona cuando (consciente o inconscientemente) se siente culpable…

A través de este artículo descubrirás mejor este sentimiento, cómo es, por qué se genera, los tipos de culpa que existen y de qué forma podemos detectarla y trabajarla.

Para ser mejores inteligentes emocionales debemos ser capaces de identificar nuestras emociones. Saber que “esto que estoy sintiendo ahora mismo me indica que me estoy sintiendo culpable”, me va a dar la oportunidad de saber que es el sentimiento de culpa lo que estoy sintiendo (y no otro), para así poder identificar y hacer lo que necesito para gestionar ese sentimiento de forma sana.

Y es que a veces no somos conscientes de que nos sentimos culpables, es un emoción que a veces cuesta un poco identificar por los indicadores que nos da nuestro cuerpo.

Si somos exagerados, hay gente que (parece que) no se siente nunca culpable, que va arrasando allá donde vaya, son esos que dicen “yo soy sincero y claro y digo las cosas a la cara” (punto que no hay que confundir con ser sincero pero saber decir las cosas de forma constructiva y saludable). Esto son un tipo de personas que (en mi opinión) piensan tanto en su bienestar que se olvidan del de los demás (por supuesto que no tenemos que olvidar de cuidarnos pero equilibrando el pensar en los otros) y según mi experiencia tienen bastantes rasgos de egoísmo en su comportamiento.

En el otro extremo estarían aquellos que parece que siempre se sienten culpables, que hagan lo que hagan siempre lo podrían haber hecho mejor y por otro lado piensan en que la otra persona podrá enfadarse por algo que hayan hecho o dicho en ese momento. Este tipo de personas suelen ser muy perfeccionistas y extremadamente autoexigentes, de forma que hagan lo que hagan, por un lado nunca están satisfechos con lo que han hecho porque podrían haberlo hecho mejor y además hay una vocecita que les dice que igual lo que han hecho o digo ha podido sentar mal a la persona que tienen en frente.

la culpa

 

Qué causa la culpa

La culpa tiene un patrón similar al de la vergüenza, la culpa tiene a “alguien” detrás, a una vocecita que nos alerta de que lo que hemos hecho no está bien, de que (ya sea real el hecho o no) hemos hecho algo mal y podíamos haberlo hecho mejor. También puede ocurrir que ya hayamos hecho algo que consideramos como malo y que el sentimiento emerja de nuestro interior.

Pero como iba diciendo, esa vocecita que te alerta o te recrimina (dependiendo de cómo sea en nsotros) tiene algo en lo que fijarse para poder alertar que esto sí que es susceptible de sentirse culpable y esto no. Si no ¿por qué hay con cosas que no nos sentimos culpables y con otras sí? Todo depende de nuestra bara de medir. Y aquí es donde entra nuestra parte perfeccionista o exigente. Los que somos más exigentes somos más propensos a sentirnos culpables ya que nuestra bara de medir se encuentra en una posición muy alta y por ello hay muchas más cosas que se encuentran por debajo y que hacen saltar esa alarma de “¡ey! ¿No te das cuenta de que igual se ha sentido culpable por ese comentario o eso que has hecho?” La gente que es menos perfeccionista tiene esa bara más baja con lo cual esa alarma salta en menos ocasiones.

No hay nada mejor o peor (exceptuando los extremos de antes que nunca son buenos), la cuestión aquí es saber primero si somos muy exigentes con nosotros mismos porque en ese caso será más probable que la culpa forme más tiempo en nuestro abanico de sentimientos frecuentes. Siempre que analizamos una emoción o sentimiento lo primero que tenemos que saber es detectarla y saber qué indicadores nos da nuestro cuerpo para decirnos que nos estamos sintiendo culpables.

Para ayudarnos a esto yo os recomiendo tener por un tiempo un diario emocional en el que ir escribiendo las situaciones que nos han hecho sentir culpables junto a lo que sentimos en nuestro cuerpo que pueda indicarnos que eso precisamente era culpa (nervios en el estómago, dolor de cabeza, ganas de llorar, una vocecita interior que dice “tal cosa”…). Este sentimiento puede ir acompañado de diferentes emociones primarias: la tristeza y el miedo pueden ser amigos de la culpa y pueden también ayudarnos a detectar este estado.

La culpa es un sentimiento que no suele gustar, que nos hace sentir mal porque hay algo que nos dice que hemos hecho las cosas mal, o que podíamos haberlo hecho mejor, o que podemos haber herido a alguien o que otra persona se sienta mal por nuestra culpa. Si como mencioaba antes, eres una persona muy perfeccionista, esto de hacer sentir a los demás también afectará a tu idea de querer hacer todo bien y que nadie se enfade contigo. En estos casos hay que tener mucho cuidado ya que puede afectar a nuestra autoestima o sentimiento de valía porque esa vocecita puede estar diciéndonos “¡no ves! ¡Le has hecho daño a tu hermano, eres mala persona y no vales nada por ello!”. Por ello, tenemos que intentar tener identificado bien este sentimiento para que no se nos “vaya de las manos” y nos sintamos muy mal.

 

Tipos de culpa

Aquí es donde podemos diferenciar dos tipos de culpa:

Una culpa saludable que es originada por algo que podríamos decir es relativamente objetivo y que podemos aprovechar para enmendar algo que vayamos a hacer o que hayamos hecho. Este tipo de culpa es muy útil y deberíamos agradecerle a nuestra vocecita interior que nos avise de estas cosas. Para gestionar este sentimiento podemos corregir aquello que íbamos a hacer y hacerlo de otra forma que mejor nos parece. En caso de haber hecho algo esta culpa saludable puede ayudarnos a pedir perdón y a corregir algo que hemos hecho y que puede haber sentado mal a alguien. Lo cual sirve para seguir teniendo nuestras relaciones sanas y trabajadas. Y como decía el sabio “rectificar es de sabios”.

Luego nos podemos encontrar con un sentimiento de culpa no saludable que parezca encayado, un sentimiento que quizás llevamos arrastrando durante años y que parece que nunca nos podemos quitar. Ejemplos de esto son algún hecho que tuviéramos con alguna persona (que suele ser cercana o importante para nosotros) y del que no hayamos podido solucionar hasta ahora: peleas con hermanos, dejarnos de hablar con cuñados, no haberle dicho a la persona querida lo que sentías antes de que falleciera, etc.

 

Técnicas para gestionar la culpa enquistada

Para gestionar este tipo de culpa lo primero de todo es detectarla e identficar que ese sentimiento o ese malestar que no sabemos bien lo que es, es un sentimiento de culpa que no hemos solucionado.

En segundo lugar tenemos que aceptarlo, sí , no vale con saber que es culpa, sino con aceptar que eso forma parte de nosotros. Es fundamental que seamos capaces de aceptar que ese sentimiento es nuestro y no mentirnos a nosotros mismos porque mientras no lo aceptemos no podremos trabajarlo y solucionarlo.

En tercer lugar tenemos que decidir qué queremos hacer y de qué forma. Lo que suele querer hacer la gente es hablar con esa persona e intentar solucionar esto, pero quizás necesitemos algo antes de dar ese paso. Quizás necesitemos valentía, trabajar el miedo al rechazo, al conflicto, etc. antes de llamarle. En este sentido el coaching puede ayudarte a conseguir eso que necesitas y que en un primer momento no sabes cómo conseguirlo.

Aunque parezca difícil o duro, es algo que es alcanzable, pero ¿qué ocurre si la persona con la que tenemos el conflicto interno ha fallecido? De la misma forma tendremos que buscar en nosotros mismos qué necesitamos para arreglar ese estado: quizás hablar con la pareja de esa persona, quizás ir a la tumba a hablar con la persona, quizás realizar otra acción para enmendarlo. En cualquier caso, en estas situaciones hay algo fundamental que tendremos que trabajar que es el perdón con nosotros mismos. Recordemos que el sentimiento de culpa es algo generado por nosotros en base a unas referencias internas que tenemos de lo que está bien y lo que está mal así que, aunque no esté la persona con la que tuvimos aquello que generara este sentimiento, podemos liberarnos de esta culpa. Y la mejor forma de hacerlo es perdonarnos a nosotros mismos, intentar ver la situación que ocurrió desde fuera, como si fuéramos un espectador viendo la película y pensar como si ese que vemos en la pantalla fuera un amigo nuestro y cómo reacciona ante lo que pasa. Seguramente si fuera un amigo nuestro al que viéramos, comprenderíamos mejor porqué reaccionó cómo lo hizo.

Adelante, cierra los ojos, realiza varias respiraciones profundas para relajarte e imagínate que estás en un cine y que en la pantalla proyectan lo que ocurrió entre tú y la otra persona. Ahora intenta pensar en ello y en qué le dirías a ese otro tú si pudieras verle delante de ti y hablar con él. Seguro que la conversación es diferente a cuándo hablabas contigo mismo. Vuelvo a repetir que hay situaciones que fallan a nuestro control pero siempre siempre podremos trabajar y cambiar lo que nosotros pensamos hacia nosotros mismos.

sentimiento de culpa

 

No saber sentir la culpa

Aquí quería añadir un pequeño comentario hacia ciertas personas que parece que no saben gestionar bien la culpa y en cuanto la sienten huyen de ella. Muchas veces no son ni si quiera conscientes de que se están sintiendo culpables ni mucho menos de que están alejándose de ella, y es que en mi opinión, hay que saber sentirse culpable y hay personas que parece que no saben.

Una situación muy frecuente es que le digas a alguien que algo que ha dicho o hecho te molesta o te ha molestado. Esta persona, según mi experiencia, tiene dos vías de escape:

  • No darle importancia: se lo toma a risa e intenta evitar ahondar en el tema diciendo algo que quite importancia a lo que le estás diciendo y así pasar (rápidamente) a otra tema. En este tipo de situaciones mi experiencia me dice que hay que volver al tema (usando si hace falta la técnica de asertividad disco rayado), repetir cómo te sientes con lo que estás contando e insistir en hablar de ese tema.
  • Se enfada: esta persona se pone a la defensiva, saca el escudo y la espada y contraataca. Suele enfadarse contigo por decirle eso y suele echarte en cara que le digas ese tipo de cosas, que no se lo merece, etc. Haciéndote sentir culpable y acabando incluso la conversación pidiéndoles perdón. Es a veces gracioso como te puedes encontrar en la situación de estar pidiendo perdón, cuando lo que querías es que la otra persona lo hiciera contigo… Aquí hay que tener cuidado porque la persona que echa en cara esos comentarios suele utilizar un estilo de comunicación de manipulación para darle la vuelta a la tortilla y que seas tú el que acabe sintiéndose culpable. Este caso es más complicado ya que la persona que se pone a la defensiva lo hace porque no quiere sentirse culpable (por el motivo que sea) y lo sabe gestionar de esa manera. Lo que aconsejo yo para gestionar este tipo de situaciones es ser lo más objetivo posible y plantearle de nuevo la situación y lo que ha ocurrido (“te acabo de contar esto y me has dicho que te hago sentir culpable, etc. Etc. Si te parece vamos a hablar de eso primero y luego hablamos de lo que yo te he dicho”). Es decir, dividir las dos situaciones (lo que me molesta de ti y el hecho de que te lo haya dicho) para poder hablarlas por separado. Y si eso no es posible plasmar lo que ha ocurrido de la forma más objetiva que puedas (“¿te has dado cuenta de que cuando te he dicho esto que me molesta de ti tú has dicho esto y te has puesto a la defensiva?”), para ayudar a la otra persona y hacerle ver la forma en que se comporta en esas situaciones. Aunque vuelvo a repetir que son situaciones a veces complicadas de gestionar y tenemos que tener cuidado con esa parte de manipulación que puede tornar las cosas del revés.

 

Hasta aquí este post en el que hemos hablado sobre la culpa, cómo se origina, diferentes tipos, cómo podemos gestionarla y de qué forma podemos actuar ante personas que no la saben sentir o les sienta muy mal. Espero que te haya sido útil y por favor comparte en los comentarios de abajo tus opiniones sobre este tema, tus técnicas, si has probado algo de lo que aquí he comentado, si te ha ayudado de alguna forma, etc.

Si crees que este artículo sobre la culpa puede ser interesante para algún amigo tuyo, compártelo en redes sociales y así también podrás agradecerme el trabajo realizado 😉

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Titulado Experto en Inteligencia Emocional, Coach Personal y Ejecutivo, y apasionado de la Psicología y de cómo ser más felices cada día.

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