El Enfado: qué es, tipos y cómo controlarlo y gestionarlo

enfado

La emoción del enfado

El detonante o el origen universal de la emoción del enfado se encuentra en la sensación de hallarse amenazado (de ahí que se relacione con el miedo) de forma física, a nuestra autoestima o a nuestro amor propio, a nuestros límites o frustrado en conseguir un determinado objetivo. Esta emoción activa dos diferentes tipos de respuesta: la lucha o la huida.

La emoción es una emoción muy seductora, es decir, digamos que “nos gusta” y suele quedarse en nosotros siendo difícil de controlar por nosotros muchas veces. Además, como nos da razones para descargar nuestra ira con alguien, nos cuesta “soltarnos” de ella.

Cuando nos enfadamos segregamos por un lado catecolaminas (que son neurotransmisores, especialmente destaca aquí la adrenalina) que nos dan un “chute” de energía que durará unos minutos necesaria para efectuar una acción decidida como la lucha (ya sea física o verbal) o la huída. Por otro lado, la amígdala también segrega otra oleada energética que puede perdurar horas o días, manteniendo el cerebro emocional predispuesto a la hipersensibilidad. De ahí que estas situaciones de estrés bajen nuestro límite de irritabilidad y cuando venimos de haber tenido un día malo, cualquier chorrada insignificante podrá hacernos saltar.

Todo esto explica por qué la mayoría de nosotros parece que estamos más predispuestas a enfadarnos una vez que estamos un poco excitados o nos han provocado. Esto también “ayuda” (luego lo veremos en detalle), a que la gente con enfado crónico o enfado primario desadaptativo encuentre tan difícil el salir de ahí.

El enfado se suele alimentar de sí mismo, es como un volcán que se va llenando de pequeñas provocaciones (que no dejan de ser pensamientos o percepciones de lo que está ocurriendo) o irritaciones que van siendo cada vez más intensas y que hacen que acabe explotando el volcán en un estallido de violencia. En este estado podemos olvidarnos de que la otra persona escuche, razone y ya no hablamos de que perdone. Lo único en que está pensando en ese momento es en ejercer su represalia sin evaluar si quiera las posibles consecuencias de sus actos.

De ahí que sea fundamental saber cómo gestionar los enfados e intentar vaciar el volcán antes de que se encuentre a punto de desbordarse, esto si continúas leyendo lo veremos un poco más abajo.

 

El enfado saludable

Cuando es primario y adaptativo hay que escuchar a la emoción a ver qué nos dice y actuar en consecuencia a ser posible con asertividad. Como ya hemos visto, un enfado nos va alertar de una amenaza la cual está sobrepasando (o nos parece a nosotos según nuestras experiencias y creencias) nuestros límites (o los de otra persona). Las situaciones de injusticia, que nos hablen mal sin razón aparente o cuando nos mienten, son situaciones que normalmente suelen generarnos enfados saludables.

Cuando el enfado primario viene asociado a una violación o un abuso, tiene cualidades de rabia, asco, desprecio o miedo, mientras que cuando tiene que ver con un sentimiento de traición o de necesidades de dependencia no satisfechas, entones aparece la tristeza ante esa pérdida. Uno de nuestros objetivos en estas ocasiones será diferenciar bien toda esta mezcla de emociones, analizar cuáles son primarias y secundarias y analizar las necesidades que hay detrás de ellas para, entonces, poder darnos lo que nos están avisando.

 

El enfado no saludable

El enfado es desadaptativo cuando es un sentimiento recurrente que notamos que no se va de nosotros y que sentimos con frecuencia. Normalmente responde a algo que nos ocurrió hace tiempo y que no gestionamos bien por el motivo que fuera, y ahora reaparece. En este tipo de enfados (crónicos), nuestro objetivo será acceder a ese esquema emocional desadaptativo e identificar lo ocurrido y la necesidad que existe detrás. Es decir, diferenciar todo el cúmulo de emociones que ese enfado puede estar generándonos (rabia, culpa, resentimiento, tristeza, dolor, etc.), analizar qué pudo ser lo que generó este enfado y relacionar las emociones con la situación pasada. Haciendo esto entenderemos mejor qué nos quieren decir estas emociones y tendremos que ver de qué forma podemos realizar lo que ellas nos piden, aspecto que veremos abajo, cuando hablemos de la gestión de los enfados.

 

El enfado secundario 

El enfado secundario aparece cuando esta emoción está escondiendo a otra que es la verdadera, normalmente emociones como el miedo y la tristeza, suelen esconderse a través del enfado.

Cuando un padre grita porque su hijo ha perdido la pelota y va directo a la carretera, la emoción que está sintiendo el padre no es de enfado, sino de miedo que culpa al niño y se enfada con él para descargar el miedo activado.

Los hombres que han crecido con la creencia limitante de que no se puede llorar, suelen expresar un enfado secundario cuando tienen una tristeza real escondida pero la tapan con el enfado.

Acciones como el llanto, el entumecimiento, la intelectualización de lo que está pasando, suelen ser señales de evasión de ese enfado. Cuando evitamos hablar de lo que sentimos y lo razonamos mucho o nos tomamos lo ocurrido a broma suelen ser origen de enfados no bien gestionados y que tenemos que ayudar a enfrentar y gestionar.

En estas ocasiones, para gestionar estos enfados necesitamos llegar a la emoción primaria escondida y trabajar con ella, la cual nos dirá las verdaderas necesidades que existen detrás de esa emoción.

Como veíamos anteriormente cuando hablábamos del volcán y de que los enfados van generando más enfados, es importante resolver los enfados cuando son sanos, antes de que llenen el volcán, ya que corremos el riesgo de generar una emoción secundaria de ira y rabia que responda a la acumulación de todos esos enfados (aquí tendríamos que analizar también si esa ira no responde a una emoción desadaptativa de sentir que siempre sobrepasan mis límites y exista un sentimiento de tristeza y abandono).

volcan

 

Enfado Instrumental

A veces usamos el enfado para conseguir algo, a veces no nos damos cuenta ya que forma parte de nuestra personalidad y lo usamos a menudo. El ejemplo que decíamos antes cuando gritamos a nuestro hijo para que no haga algo cuando en realidad estamos sintiendo miedo, es un claro ejemplo de enfado instrumental. Este tipo de enfado puede ser muy valioso en nuestras habilidades interpersonales pero puede caer en el estilo de la manipulación, así que tenemos que ser conscientes de cómo usamos esta emoción cuando queremos obtener algo.

 

El enfado como manipulación

Aquí hay que hacer un inciso ya que el enfado es una de las emociones (junto con la tristeza) más usadas como instrumental y solemos llevarla tan lejos que, muchas veces, conseguimos manipular a los que nos rodean. Cuando me enfado con mi pareja porque no hemos hecho lo que he propuesto, cuando me enfado con mi hermana por no acompañarme de compras, cuando me enfado con mis padres por no comprarme lo que les dije, cuando me enfado con mi hijo por no hacer lo que yo digo (sí, esta última está en el límite de llegar a manipulación).

Tenemos que tener cuidado con esto, ya que podemos correr el riesgo de estar manipulando constantemente a la gente que queremos, con actitudes que ya se han convertido en nuestro comportamiento.

Cómo gestionar el enfado de forma eficiente

El enfado, como llevamos diciendo, es una sensación de amenaza. A cada uno físicamente nos afecta de forma diferente aunque hay ciertos elementos que se repiten (aceleración del ritmo cardíaco, de la respiración, tensión en partes de nuestro cuerpo, apertura de las fosas nasales, aumento de la circulación sanguínea…), pero no por ello tenemos que dejarnos llevar por esa sensación de ira y dejar que el volcán explote.

Abrir la caja de Pandora y dar rienda a todo lo que nuestra mente está pensando no ayudará mucho a expresar el enfado de forma sana y útil, de hecho, esto seguramente genere una escalada de ataque y contra-ataque que impedirá la escucha y la calma para expresar el enfado y escuchar a la otra parte de forma constructiva.

Para evitar que el volcán se vaya llenando debemos darnos cuenta de esos pensamientos que generan esos primeros enfados y escuchar lo que nos dice esa emoción primaria saludable. Tenemos que enfrentarnos a esos enfados y gestionarlos.

Muy bien… ¿Cómo?

  • Ver mi estado de ánimo: detectar cómo estoy y ver si hay alguna otra emoción además del enfado que está en mi interior será interesante para ver si estoy en el mejor momento para tratar este tema o quizás necesite tiempo o algo más para afrontarlo. Trabajar y tener un diario emocional puede ayudarte a conocer tus emociones.
  • Si el enfado es con alguien (y no con algo o con una situación), necesitamos encontrar el valor para hablar con esa persona y expresar nuestro enfado de forma constructiva.
  • Quizás necesitaremos buscar una situación adecuada para hablar con esa persona (esperar a que termine la reunión de trabajo, llamar para quedar esa persona y tú, esperar a que se vaya la gente para estar solo con mi pareja, etc.). Lo mejor es hablar este tema a solas, de lo contrario corremos el riesgo de que haya otras personas que puedan influenciarlo o que nuestra persona se apoye de ellos para quitarle importancia o para increparnos que somos exagerados.
  • Asertividad: saber decir las cosas de forma constructiva estableciendo nuestros límites al mismo tiempo que no sobrepasamos los del interlocutor. Si quieres saber más sobre este tema tenemos este artículo que habla sobre ello en profundidad y si sigues leyendo este post te iremos dando pautas para que esa crítica o expresión de enfado sea lo más sana y constructiva posible.

 

Técnica de las 3 preguntas del enfado

Tenemos la herramienta de las tres preguntas que puedes usar cuando sientas que te estás enfadando. La misma consiste en pararte un momento y hacerte estas tres preguntas:

  1. ¿Es esto tan serio como para armar semejante jaleo?
  2. ¿Está justificado que me enfade?
  3. ¿Mi estallido va a mejorar las cosas?

Si la respuesta a TODAS ellas es , y el enfado sigue, entonces desahogarte te hará sentirte mejor. Si para ALGUNA respuesta contestaste que NO, entonces lo mejor será tranquilizarse.

Recordemos que los neurotransmisores que segregamos cuando nos enfadamos duran bastante tiempo en nuestro organismo, con lo cual tenemos que tener esto en cuenta para asegurarnos que nos calmamos lo suficiente para que no volvamos a “saltar” pasado un tiempo

Muy bien… ¿Cómo me calmo?

Cómo controlar la ira y la rabia

  • Relajándonos: seguro que muchos de vosotros sabréis meditar, otros puede que simplemente tumbaros en el sofá con los ojos cerrados sirva.
  • Concentrándonos en la respiración: uno de los tipos de meditación que más se conoce se basa en fijar nuestra mente en nuestra respiración, de forma que olvidemos todo lo demás y la mente se quede en blanco. Aunque no sepamos meditar, concentrarnos en nuestra respiración y hacer esta de forma profunda nos ayudará mucho en bajar nuestros niveles de estrés.
  • Escuchando música que me relaje: siempre tendremos alguna canción o canciones que nos relajen o algunos sonidos (quizás de la naturaleza) que nos hagan olvidar ese enfado).
  • Evadiendo mi mente / distrayéndonos: soluciones que usamos todos los días sin darnos cuenta pueden servirnos para fijar nuestra atención en otra cosa: la televisión, el cine, un buen libro, el móvil, internet, etc.
  • Yendo a algún sitio tranquilo: ir a un parque donde no haya mucha gente y tumbarnos en el césped, seguro que nerviosos no nos va a poner. Seguro que tienes sitios especiales a los que te gusta ir cuando quieres pensar en algo o estar solo.
  • Haciendo ejercicio físico: el alto nivel de activación fisiológica que supone, devuelve a nuestro cuerpo a un nivel de excitación más bajo. Ya sea corriendo, yendo al gimnasio o practicando cualquier otro deporte, nos ayudará sin duda.
  • Practicando sexo: aunque puede que no tengamos ganas al principio, el mantener relaciones sexuales hace que segreguemos una cantidad de hormonas, las cuales muchas de ellas ayudan a tener un estado de ánimo más tranquilo y sentirse más feliz.
  • Dando un abrazo: pedir a alguien que nos dé un abrazo de los de verdad nos hará calmarnos y puede que desahogarnos también. Si quieres saber toda la cantidad de cosas buenas que tiene un abrazo te dejo con este artículo.
  • Comer algo que nos guste: tiene que ser que nos guste, que nos pirre; si no recibimos esa estimulación como placentera, seguiremos rumiando la causa que generó el enfado.

Si os fijáis, la clave al fin y al cabo es disfrutar de un rato agradable, verás como encuentras difícil seguir endadado cuando te lo estás pasando bien o estás recibiendo sensaciones agradables o placenteras.

Existe otra forma de descargar nuestra rabia, la cual personalmente uso a veces y seguramente sea debatible entre muchos. La técnica consiste en descargar la rabia según nos sale siendo todo lo viscerales que nos pide el cuerpo, pero sin aplicarlo a ninguna persona ni ser vivo. Me explico. Cuando estamos tan sumamente enfadados que simplente queremos explotar, puede que nos sirva poco el intentar relajarnos o desviar nuestra atención porque ya estemos en un punto de no retorno… En estos casos existe alguna técnica o conjunto de técnicas que con total seguridad nos llevarán a un estado de calma y de desahogo.

  1. La primera es coger un almohadón, toalla, abrigo o similar, ponerlo lo más cerca de la boca que podamos y gritar. El objeto lo ponemos para que no nos escuche nadie y no asustemos a todo el vecindario. Si lo hacemos de forma que no nos escuche nadie podemos gritar todo lo fuerte que queramos, hablar como si tuviéramos a la otra persona en frente y pudiéndole decir lo que queramos, insultándole si hiciera falta. Esta técnica también podemos hacerla llenando el lavabo, un barreño o la bañera de agua y haciéndolo dentro del agua.
  2. Con el objeto que usamos antes (preferiblemente un almohadón) podemos golpearlo todo lo fuerte que queramos (cuidado con no hacernos daño) descargando toda nuestra ira como si el almohadón fuera la otra persona, hasta que no podamos más.

Sin duda, después de practicar estas dos técnicas estaremos tan cansados que no quedará otra que relajarnos y seguramente veamos el conflicto desde otra perspectiva, incluso puede que se nos haya pasado el disgusto y todo.

Es necesario indidcar que esta técnica está únicamente orientada a adultos y personas que sepan que esto es una simple metáfora, pero en ningún caso representa la persona de verdad ni se induce a ningún tipo de violencia con nadie. Por eso no es aconsejable en absoluto que esto se explique o se practique con niños, ya que puede que confundan la técnica con el hecho de gritar, insultar y agredir a la persona con la que tuvimos el conflicto.

ira rabia

 

La comprensión de lo ocurrido

Estudios demostraron que cuando le gente recibía una justificación acerca del enfado de una persona, eran más permisivas a la hora de expresar la ira contra él. Intentar “pensar bien” o justificar a la persona y buscar razones positivas para explicar lo que hizo, cambiará nuestra percepción.

Si esto lo ponemos en práctica en enfados no saludables que tenemos enquistados con ciertas personas, quizás nos podrá hacer entender otro punto de vista no tenido hasta ahora. Aplicar el CAP (Comprensión, Aceptación y Perdón) en esas circunstancias, podrá incluso hacer desaparecer ese enfado desadaptativo y gestionar nuestro enfado de forma constructiva y saludable.

 

El resentimiento o enfado no resuelto

Cuando hablamos de enfados enquistados en el tiempo que responden a alguna relación insana que tuvimos o algún conflicto con algún familiar o amigo (divorcio de nuestros padres, que nos deje nuestra pareja, un padre que abandonó a sus hijos, una madre exigente, etc.), podemos encontrarnos con el resentimiento. En esta situación existe un enfado que quedó sin resolver y que nos ha dejado una herida que nos escuece de vez en cuando, y que, dependiendo de lo que nos duela o perturbe, puede convertirse en una barrera para nuestras relaciones (parejas rotas por no haber afrontado pequeñas molestias que han crecido tanto tipo bola de nieve, que han hecho que la relación sea insostenible; lo mismo ocurre entre padres e hijos, si nosotros como hijos no compartimos con ellos situaciones pasadas y hablamos de cómo nos sentimos y lo que hemos sufrido, puede que nuestra relación con ellos no vuelva a ser igual).

Normalmente, cuando somos niños y ocurre algún incidente traumático del tipo divorcio, separación, abandono o abuso, a nosotros como niños nos duele tanto que intentamos esconder ese sentimiento. Por otro lado pensamos que ha sido una situación cruel y nos sentimos débiles e impotentes ante ello. Por ello, para poder enfrentarnos a ese enfado, necesitamos sentirnos lo suficientemente fuertes como para admitir esa crueldad y ese dolor. A veces, especialmente en las situaciones de abusos, escondemos ese dolor para no admitir que nuestra figura paterna o materna es mala o se ha portado mal con nosotros. Y como solución para seguir teniendo una imagen positiva de nuestros padres, intentamos olvidar lo ocurrido y tapar esa emoción; a veces incluso ese odio a nuestros padres lo transformamos en culpa hacia nosotros, para seguir teniéndoles en ese pedestal y pudiéndoles amar.

La solución aquí, como habrás visto, será enfrentarnos a esa emoción y analizarla y escucharla para ver qué nos quiere decir. En segundo lugar, tendremos que resolver el enfado con la persona que lo originó. Para expresar el enfado de forma constructiva, un poco más abajo explicaremos eso. Lo que ocurre es que en este tipo de circunstancias puede ocurrir que la persona con la que tengamos el conflicto enquistado ya no se encuentre entre nosotros, entonces tendremos que realizar lo siguiente.

 

Gestionar el enfado cuando la persona ya no está

Cuando la persona con la que tuvimos el enfado falleció o ya no vive cerca o por lo que sea no podemos localizarla, entonces tendremos que usar otras técnicas para resolver ese enfado y poder dejarlo atrás.

En este caso lo que recomiendo es el CAP que consiste en estos tres pasos:

  • Comprensión: en este primer paso necesitamos ponernos en el lugar del otro cuando pasó lo que nos generó ese enfado y buscar la intención positiva que había detrás de la acción que nos molestó. Intentar entender las razones nos pondrá en otro punto de vista que podrá hacernos entender la buena intención que había detrás. Leer el artículo de las creencias podrá ayudarte a entender lo que quizás los padres de esa persona le inculcaron y este a su vez hizo lo mismo contigo.
  • Aceptación: en este paso tenemos que centrarnos en aceptar a la otra persona, podemos juzgar su acción, pero aceptar a la persona que lo hizo. También aquí aceptamos lo ocurrido, dejamos de negarlo y rechazarlo como muchos hacemos con enfados familiares duraderos. Lo aceptamos y lo hacemos nuestro, solo entonces podremos ahondar y trabajar en ello.
  • Perdón: una vez habiendo aceptado lo ocurrido y comprendido por qué lo hizo esa persona, podemos perdonarla y decidir que lo ocurrido no queremos que nos siga afectando como hasta ahora.

Esta técnica del CAP hay que mezclarla con otra que es hablar con esa persona: una vez hayamos realizado el CAP o durante el mismo, podemos cerrar los ojos e imaginarnos que esa persona está delante de nosotros, podemos hacer cualquier otra cosa que nos haga sentir que estamos hablando con él o ella. Ahora tendremos que decirle todo lo que pensamos y sentimos. A esto también podemos añadirle una técnica que realizamos en coaching que es: durante la conversación imaginaria, cada vez que realizo una pregunta, me levanto de mi silla y me siento en la de enfrente y contesto poniéndome en la piel de la otra persona. Verás qué potente es este ejercicio y lo que te ayudará a entender su punto de vista.

enojo

 

La expresión de un enfado de forma constructiva

También usado para expresar críticas constructivas, saber expresar un enfado de forma sana y constructiva puede requerir algo de práctica y técnica, así que a continuación os mostramos cómo expresarlos y te ponemos ejemplos para que aprendas:

  1. Ser objetivos al narrar lo sucedido
  2. Describir usando mensajes YO cómo nos afecta ese comportamiento,
  3. Expresar empatía
  4. Conseguir que la otra persona acepte su parte de responsabilidad
  5. Ofrecer alternativas ante lo ocurrido
  6. Avisar de las consecuencias positivas o negativas
  7. Ser lo más objetivos posible
  8. Centrarnos en lo fundamental
  9. No insultar al otro
  10. Diferenciar entre la persona y su actitud
  11. Tratar solo situación por enfado

Puede que a simple vista parezca difícil tener en cuenta todos estos pasos, pero si nos centramos en uno o dos cada vez, podremos ir puliendo nuestra técnica. Y por supuesto es necesario practicar, si tenemos un enfado que queremos hablar con alguien, podemos aprovechar esto para escribir lo que le queremos decir y luego aplicarle los puntos estudiados cambiando lo que haga falta.

Si quieres ver con más detalle cómo expresar los enfados o las críticas constructivas, echa un vistazo a este artículo que hemos escrito especialmente para ello.

 

Ejemplo de expresión de enfado o crítica constructiva

Mi compañero de trabajo ha vuelto a hacer lo mismo, siempre que tenemos una reunión de todo el departamento siempre tiene que soltar alguna gracia para dejarme en ridículo delante de todos. Él sabe que me molesta porque no le suelo mirar bien cuando lo dice y luego noto que lo percibe tras la reunión. Pero aun así sigue haciéndolo. Aprovechando que nos hemos quedado comiendo él y yo en la oficina, le he dicho que venga un momento a la sala de reunión para comentarle algo: “Quería comentarte algo que has hecho en las últimas reuniones de departamento. Cuando presento algún proyecto mío o cuando digo algún comentario u opinión, muchas veces dices tú algo en tono gracioso referente a lo que yo he dicho. ¿Sabes de lo que te hablo no? Pues bien, cuando haces eso me siento mal, no me gusta que lo hagas ya que me siento burlado y mofado. Entiendo y pienso que lo haces de broma y para sacar un poco de humor en la reunión, pero yo no me siento nada bien cuando lo haces. Me gustaría que a partir de ahora no hicieras ese tipo de comentarios conmigo, entonces seguro que nuestra relación será mejor, ya que no sé si lo has notado pero me he distanciado últimamente por estos comentarios y lo mal que me sentía yo. Gracias.

 

Diferencias entre el enfado en hombres y en mujeres

Existen autores (como Anne Campbell) que afirman que los sexos experimentan (hablamos en general, por supuesto que habrá casos de los dos tipos) el enfado de forma diferente. Mientras que los hombres cuando se enfadan, suelen olvidarlo rápido y dar por zanjado el asunto, las mujeres no suelen olvidarlo tan fácilmente y suelen volverlo a “sacar” aunque se haya hablado y terminado (supuestamente) el tema.

Por otro lado, el expresar el enfado para los hombres supone el haber dado una buena lección, es una cuestión de ganar o perder. En cambio las mujeres sienten el enfado como una pérdida de control (por lo que después de un enfado una mujer tratará de dominarse), y suele haber sentimientos de represión y de culpa.

Esto está relacionado en gran manera (como casi todo) por la forma en que fuimos educados y las creencias que nos impusieron nuestros padres, sin que ninguno de ellos (ni padres ni hijos) seguramente nos diéramos cuenta. Los hombres suelen crecer con la creencia de que no pueden llorar (“no es de hombres”), de ahí que cuando muchos hombres se emocionan y quieren llorar, esconden esa emoción y expresan en su lugar el enfado como emoción secundaria. Por el contrario las mujeres suelen haber crecido con la creencia de que no pueden expresar sus enfados, cada vez que se enfadaban solía haber algiuen en casa que las recriminara con lo cual acaban reprimiendo la emoción y transformándolo en una falsa emoción (secundaria) de tristeza.

Por suerte, estas represiones se están perdiendo mucho ya que cada día todos somos más conscientes de la educación emocional (especialmente los padres) y de criar a nuestros hijos en un ambiente de inteligencia emocional.

 

Ejercicios para trabajar el enfado

A continuación te dejamos con ejercicios para que trabajes tus enfados. Es necesario que cojas papel y lápiz y pienses y contestes a las preguntas. Seguramente no lo hagas y creas que con leerlas por encima valdrá, pero te aseguro que no será lo mismo si no te paras a reflexionar cada pregunta y escribes lo que vas averiguando. Si lo haces así, lo que aprendas en tu camino de autoconocimiento y crecimiento personal será 1.000 veces más efectivo e importante y por tanto acabarás siendo mucho más feliz.

¡Ahora ve a por ese papel y lápiz! 😉

Ejercicio 1: Enfado primario saludable

Identifica una situación en la que has sentido que se portaron mal contigo, te trataron injustamente o se violaron tus derechos…Identifica tu sentimiento, encontrando una palabra o palabras que encajen con lo que sientes… ¡Pon tu sentimiento en palabras!… Encuentra una manera de expresar ese enfado… y di para ti o en voz alta: “estoy enfadado con.…” o “estoy cabreado porque”… ¿Qué necesitas? ¿Es protección frente a una ofensa?… ¿Sientes que conectas con tu propia fuerza? ¿Qué puedes hacer para darte eso que necesitas?… ¿A quién más puedes acudir para recibir eso que necesitas?…

Ejercicio 2: Enfado primario no saludable

Identifica, acepta y escribe situaciones que te enfurecen repetidamente. Identifica los pensamientos… ¿Hay alguna otra voz en tu cabeza criticándote? ¿Qué dice esta voz con relación a ti, a los demás o al futuro? Escríbelo o dilo en voz alta… Date cuenta si crees lo que te dice la voz negativa. ¿Hay alguna otra voz diferente disponible, aunque sea menos dominante? ¿Puedes utilizarla para obtener una perspectiva diferente?…

 

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Titulado Experto en Inteligencia Emocional, Coach Personal y Ejecutivo, y apasionado de la Psicología y de cómo ser más felices cada día.

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